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viernes, 30 julio, 2021
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    Argentina, con lo puesto

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    ¿Con quién medimos a la Selección? ¿Con cada oponente, con el cuco brasileño o con Argentina misma?

    Con cada oponente, a la vista está, la vida sonríe y canta, puesto que sin ser demasiado superior a los demás, tampoco inferior, los momentos de marea alta han dado (dan) para la suma optimista.

    Con el cuco brasileño no es indispensable medirla, un poco en defensa propia, en el afán de preservarse de una vara cruel; y otro poco, o sobre todo, porque el camino es largo y la presunta final queda lejos.

    Lo más sensato es hacer las cuentas provisorias por afuera del Cielo y del Infierno.

    Al parecer, la búsqueda de ese hipotético tesoro llamado “identidad”, a la Selección de Scaloni se le hace carne las virtudes y los defectos, con independencia de las permanentes modificaciones que decide.

    Cual si fuera una marca en el orillo, en cada partido sale a jugar con determinación, la pelota le circula redonda, ajena a las intenciones del rival de turno, hasta que los frutos rubrican en la red.

    Con Chile fue el tiro libre de Messi, con Uruguay el cabezazo de Guido Rodríguez y el martes la exquisita definición de Papu Gómez al cabo de una acción de play station.

    Después, cierta fragilidad y con la fragilidad, una suerte de anarquía en el medio campo que siembra inquietud y enciende las alarmas de los defensores.

    Llamativo: Scaloni pasó de un 5 inventado como Paredes a un 5 de cuna como Rodríguez y sin estaciones intermedias a un doble 5.

    Sin embargo, lo que Natura non da, la carencia de oficio para cortar y ganar en el uno contra uno, deja más cerca el arco de acá que el de allá y lo que se insinúa como una Selección con todo en su lugar cae por el desfiladero de la mediocridad.
    Una mediocridad, en ese juego de espejos, de a ratos inocua y de a ratos proveedora de esperanzas para rivales (como Paraguay, en este caso) inferiores en los papeles, sin mucho para brillar y menos aún para dar un puñetazo en el escritorio.

    Se dirá, con asidero, que por lo menos no se pasaron sofocones, que Cristian Romero perfila la presencia de un gran defensor y con Emiliano Martínez se goza de un llenado de arco ausente desde mucho tiempo ha, pero la sola mención de esos puntos altos retrata un escenario posible.

    Del medio para arriba, descontada la sagrada presencia de Messi (pese que contra los paraguayos, sin piernas ni chispa jugó para 4 puntos), la mejor noticia estribó en la producción de quien hasta no hace tanto no aparecía en la lista de nadie: Ángel Di María. (Y eso, tomados como referencia los últimos dos partidos de las Eliminatorias y estos tres de la Copa América).

    Hasta donde sabemos, la argentina es una selección de escaso juego y de poco gol, acostumbrada a tener la pelota un rato, a correr tras la pelota por largos tramos y a aguantar los resultados favorables con corazón y pases largos.

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