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sábado, 25 septiembre, 2021
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    Barones con “b” larga

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    Una foto de la participación política de las mujeres en las legislaturas subnacionales de la Argentina.

    Este año hay elecciones legislativas en Argentina a nivel nacional y subnacional. En este contexto, desde DataGénero quisimos conocer los niveles de participación política real de las mujeres en las legislaturas provinciales con el objetivo de ver si hubo cambios en las lógicas políticas a partir de la introducción de las Leyes de Cupo y Paridad locales o si el poder sigue siendo cosa de barones. Para esto, nos centramos en los datos de ocupación de puestos de poder intrainstitucional buscando entender cuánto poder de decisión tienen sobre la agenda y la rosca legislativa local.

    Entre los meses de abril y mayo de 2021, el Observatorio de Datos con Perspectiva de Género relevó la información disponible públicamente sobre los poderes legislativos de las 24 jurisdicciones de la Argentina. Solo la mitad disponía de la totalidad de datos que nos permitirían realizar un diagnóstico sobre el lugar de las mujeres en estos esquemas locales1

    1Recordemos que el acceso a la información pública es un derecho conforme a la Ley 27.275.

    Volviendo a nuestra preocupación, ¿por qué nos interesa hacer foco en esto? Porque creemos que todavía existen barreras simbólicas y materiales que dificultan el acceso a las mujeres a la política partidaria y al ámbito público para la toma de decisiones. Especialmente en dos sentidos. Uno, porque la construcción política a nivel subnacional es más hostil para las mujeres (tuvimos más gobernadores llamados Carlos que gobernadoras mujeres, como mostró Economía Feminita en esta nota de 2019). Así, analizar la participación femenina en el nivel subnacional de gobernanza también nos permite preguntarnos: ¿será que la tendencia a la reelección de los oficialismos genera un sistema político menos propenso a los cambios y al ingreso de mujeres a la política? Como explicó recientemente el politólogo Andrés Malamud, los oficialismos locales tienen una tendencia marcada a la reelección y a la prolongación en el poder.

    Y, dos, si bien las leyes de cupo y paridad han permitido que lentamente las mujeres se conviertan en legisladoras, no basta únicamente con preguntar cuántas mujeres hay, también es fundamental preguntar dónde están. ¿Por qué? Sabemos que en nuestro sistema, un voto de un legislador y una legisladora valen igual al momento de aprobar o sancionar una ley. Ahora bien, no todo da lo mismo.

    El peso relativo de cada legisladorx en diagramar la agenda legislativa, es decir, influir en aquello que va a tratarse y aquello que no, depende de la ocupación de poder intrainstitucional. En esto, hay tres vías. En primer lugar, la autoridad máxima de cada legislatura, es decir su presidentx, es quien decide a nivel administrativo sobre los nombramientos, las licencias, los asuntos contables, así como, en lo que respecta lo parlamentario, sobre todo lo relacionado a las comisiones, la coordinación general y la erogación de recursos, entre otras prerrogativas. En segundo lugar, presidir una comisión de asesoramiento habilita un poder de veto sobre qué iniciativas se pondrán en estudio en las comisiones, paso necesario para llegar al recinto y ser tratadas por la totalidad de lxs legisladrxs. Por último, la presidencia de un bloque político asegura un lugar en la comisión de labor parlamentaria. ¿Qué es esto? La instancia en donde todos los presidentes de bloque se reúnen para acordar el desenvolvimiento de cada sesión: orden del temario, tiempos en el uso de la palabra, mociones, entre otras cuestiones. En definitiva, presidir un bloque es poder sentarse en la mesa. No nos equivocamos en el masculino genérico porque, como veremos en breve, la brecha de género resulta enorme para estos casos.

    Ahora que entendemos un poco más del funcionamiento legislativo, veamos entonces qué sucede en estos ámbitos. Sobre las presidencias de las Cámaras de Diputados locales: sólo 3 de las 24 son presididas por mujeres, 2 de las cuales son, a su vez, la vicegobernadora de la provincia, por lo que no se trata de una elección entre legisladorxs, sino del cumplimiento de una obligación constitucional. En las provincias con Senado ocurre una situación casi idéntica: 3 de los 8 Senados provinciales tienen una presidenta mujer, pero en su totalidad resultan también la vicegobernadora de la jurisdicción.

    Acerquemos la lupa. En relación a los datos disponibles ¿cómo se distribuyen las mujeres en los puestos de poder intrainstitucional? Recordemos que sólo contamos completamente con esta información pública en 13 de las 24 jurisdicciones, mientras que 6 la tienen publicada en forma parcial.

    El promedio de presidencias de comisiones en las Cámaras de Diputados es 41%, mientras que en los casos de Senado provincial resulta sólo del 24%. En cuanto a la temática, la mayoría de las presidencias femeninas de comisiones se concentran en temáticas de reproducción y de cuidados1.
    Esto es una muestra del sesgo de género en la distribución del poder. Cuando las participaciones femeninas se habilitan, éstas se concentran en cuestiones estereotípicamente “de mujeres”.

    Infografía realizada por Andy Orlandi y Andres Snitcofsky

    Por último, ¿qué pasa con los bloques políticos? De los 183 bloques en legislaturas subnacionales, sólo el 16% de estos están presididos por mujeres -que sepamos-, lo que representa un total de 29 bloques. Todos estos se concentran en las Cámaras de Diputados ya que, en el caso del Senado de las provincias de Buenos Aires, Catamarca, Entre Ríos, Salta y Santa Fe1, ¡ninguna senadora preside un bloque político!

    Ahora bien, ¿qué bloques presidimos cuando logramos alcanzar este puesto? Es verdaderamente alarmante observar que sólo uno resulta mediano y otro grande23. De los restantes, la amplia mayoría son ¡monobloques! Aquí nos permitimos decir que el tamaño sí importa porque, de nuevo, no da lo mismo presidir un bloque de 20 legisladorxs que presidirse ¡a sí misma!

    1No se cuenta con este tipo de información para el caso del Senado de las provincias de Corrientes, Mendoza y San Luis, las tres jurisdicciones restantes que cuentan con un sistema legislativo bicameral.

    2En la clasificación de los bloques políticos se ha buscado reflejar con la mayor fidelidad posible el impacto de cada grupo en el funcionamiento legislativo, en relación a su peso relativo sobre la totalidad de legisladorxs. En este sentido, se consideran bloques (i) grandes aquellos que superan el 35% del total del cuerpo; (ii) medianos, los que se encuentran entre el 15% y el 34,9% del total; y (iii) pequeños los grupos que no superan el 14,9% de la totalidad. La categoría monobloque responde a los bloques unipersonales, prescindiendo en este caso del porcentaje relativo que representan sobre el total.

    3El bloque mediano corresponde a la provincia de Córdoba y el grande a la de Río Negro.

     

    Si bien esta aproximación ha sido parcial, hemos podido observar que nos encontramos lejos de lograr una paridad real en la participación política de las mujeres a nivel subnacional. Como siempre afirmamos desde DataGénero, los datos nos permiten realizar un seguimiento y un análisis de impacto más preciso, porque nos muestran tendencias, correlaciones, habitándonos así a una mejor comprensión de los fenómenos sociopolíticos. Aun más, estas relaciones que ponen de manifiesto los datos nos abren el juego a nuevas preguntas.

    Cabe destacar que este análisis estuvo centrado en la participación de las mujeres cis porque este ha sido el género que logró ingresar, aun con dificultades, a los poderes legislativos. La representación sustantiva de las personas travestis y trans es aún una deuda. Su participación dentro de los órganos deliberativos es fundamental para hacer escuchar sus voces, sus demandas y sus reivindicaciones, sin interlocuciones que, en el mejor caso, vehiculan y en otros distorsionan.

    La pregunta que aquí se abre, en definitiva, es aquella por el poder. “Estar” no basta cuando las decisiones continúan siendo monopolizadas por varones. La igualdad sustantiva requiere de discusiones de fondo sobre los roles a las que se relega a las mujeres y a otras identidades no-masculinas no-hegemónicas en la praxis política. Los datos relevados de las legislaturas subnacionales de la Argentina muestran cómo aún la política es cosa de (b)arones, cuyo desenvolvimiento parece más cercano a la herencia y al retenimiento de posiciones de poder masculino que a democracias participativas. Problematizar esta realidad e instalar su discusión en la agenda pública es fundamental para impulsar transformaciones en la cultura política que rompan con las mesas de negociación de algun(o)s y las amplíen a todxs.

    Esta nota fue escrita por Carolina Glasserman Apicella y Mailén García en julio de 2021

    Fuente :https://www.cenital.com/

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