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domingo, 25 febrero, 2024
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    El represor en domiciliaria que tiró la casa por la ventana: una fiesta con 60 invitados y un show de Palito Ortega

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    Jorge Antonio Olivera no reparó en gastos a la hora de celebrar los 50 años de casados con su esposa, Marta Ravasi. Preparó una fiesta en su casa en Vicente López. Hubo comida y baile. Incluso contrató un show del cantante ícono de aquellos años en los que se conocieron, Ramón “Palito” Ortega. La feliz pareja cantó, y los invitados hicieron coros. Hasta hubo algún que otro brindis por la libertad. No es curioso: Olivera –aunque la festichola no lo evidencia—está preso. Condenado a prisión perpetua por crímenes de lesa humanidad, pero en domiciliaria –a la que accedió por cuestiones humanitarias – a pesar de haber estado prófugo durante casi cuatro años.

    El sábado a la noche, Olivera no era el hombre hosco que durante años conoció la prensa. Se había calzado un pantalón azulino y una camisa al tono. Su esposa lucía un vestido azul Francia. Los dos derrochaban alegría.

    Olivera agitaba el brazo derecho y cantaba. Del otro lo tenía a “Palito” Ortega, que había llegado a la casa de la calle San Martín con un traje blanco impoluto para compartir con el auditorio algunos de los hits de los años ‘60 y ‘70. Marta Ravasi cantaba con ellos. “Y todo gracias al amor”, entonaban –o desentonaban– entre los tres mientras Lalo Fransen los seguía, desde atrás, con la guitarra.

    Los invitados estaban exultantes. Una de ellas fue Cecilia Pando, la activista pro-impunidad que suele coincidir en sus cruzadas por la libertad de los criminales de lesa humanidad con Ravasi. Pando y su marido, el mayor retirado Pedro Mercado, tuvieron su foto con el cantante. “Escucharlo cantar nuevamente me hizo acordar de aquellas tardes que nos juntábamos con mi mamá, abuela y hermanas a ver sus películas y escuchar sus canciones. Canciones alegres que hablaban de Dios, de la madre, de la felicidad, del amor, letras que tanto cuesta encontrar hoy en día”, posteó, emocionada, Pando.

    La música no solo la aportó Palito. Cuatro de los cinco hijos del matrimonio agarraron las guitarras y les dedicaron la canción Las nueve ramas, que popularizaron Los Paz. “Siempre quise un día una zamba darles /para agradecerles todo lo que soy/ la voz del consejo, del reto seguro/ el alma autoritaria, el corazón puro”, cantaron.

    Javier Olivera Ravasi, con su sotana negra y su pierna sobre la silla, tocaba la guitarra. Es el más famoso de los hijos de la familia. Es cura y se dedica a dar la “batalla cultural” por redes sociales, donde no esconde su admiración por la vicepresidenta Victoria Villarruel –por quien su madre no siente demasiada simpatía. Cada vez que puede, Ravasi recuerda que Villarruel no hace lo suficiente por la libertad de los genocidas presos.

    El hijo cura fue quien ofició la misma para que sus padres renovaran los votos en sus bodas de oro. El padre Olivera Ravasi se hizo famoso por haber compartido en redes un rosario hecho de balas. Se formó en el Instituto del Verbo Encarnado, una congregación ultraconservadora de Mendoza que era liderada por Carlos Buela, acusado de abusos a seminaristas y religiosas.

    Ninguno de esos temas estuvo muy presente en la fiesta del sábado por la noche. Los 60 invitados celebraban, bebían, comían y se movían al compás de la música que pasaba el DJ.  se contactó con la productora que promociona los shows de “Palito” Ortega para consultar acerca de la contratación del artista –que una semana antes había tocado en el cumpleaños de Susana Giménez en Punta del Este– pero no obtuvo respuestas acerca de cómo se combinó el show o si el cantante conocía de antes a la feliz pareja.

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