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jueves, 1 diciembre, 2022
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    Elecciones en Brasil: cómo impacta el triunfo de Lula en la economía de Argentina

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    El triunfo de Luiz Inácio Lula da Silva como presidente de Brasil abrió un nuevo capítulo en Sudamérica. Brasil es el país-faro de América Latina ante el mundo y con Lula al mando la región volverá a cobrar importancia a nivel mundial, cada vez con más aliados estratégicos dentro del Mercosur. Con Argentina, particularmente, la relación comercial bilateral es optimista de cara a una recuperación económica del país, aunque plantea desafíos importantes como el de reducir el déficit comercial. 

    Para Argentina la importancia radica en que es el principal socio comercial del país. En lo que va del 2022, las exportaciones con destino a Brasil (9.352 millones de dólares), representan el doble del monto exportado a China o Estados Unidos y es el destino del 14 por ciento de las exportaciones totales del país. Además es, junto con China, nuestro principal proveedor de importaciones, sobre todo de insumos y materia primas para la industria. Se trata del destino principal de las exportaciones de pequeñas y medianas empresas del país.

    Párrafo aparte merece la relación de la industria automotriz, dependiente de las importaciones de autopartes del país vecino, y de las compras de productos terminados. Brasil es el principal destino de exportación automotriz de Argentina, consumiendo el 63 por ciento de vehículos en lo que va de 2022. “Si además consideramos que Brasil es el cuarto inversor en el país y principal proveedor de turistas, la articulación con el mayor socio del Mercosur es clave para traccionar inversiones para armar y consolidar cadenas de valor regionales”, asegura a PáginaI12 Martín Epstein, analista económico del CEPA. Brasil es el principal país emisor de turismo en Argentina con el 32 por ciento sobre el total de turistas no residentes.

    Con este panorama, uno de los efectos inmediatos que resaltan los especialistas al ser consultados sobre el impacto que tiene el triunfo de Lula para la economía local son las medidas que ya anunció para reactivar la economía brasileña y, de ese modo, traccionar la  Argentina: el aumento por decreto del salario mínimo que cobran la mitad de los hogares brasileños, la refinanciación de la deuda de las familias a través de acuerdos con el sector financiero y el impulso del gasto público a través de la obra pública con efecto multiplicador en el empleo financiado por el BNDS y con una mirada regional dado que anticipó que las mismas serán en todos los Estados a partir de que cada gobernador defina dos obras prioritarias de infraestructura. “Son tres medidas concretas que van a tener impacto a corto plazo porque no deben pasar por el Congreso. Tendrán impacto positivo en la economía brasileña y por lo tanto en la argentina”, asegura en diálogo con PáginaI12 el economista Sergio Paez, que vive en Brasil y es investigador de Celag y consultor UNDP.

    Sin embargo, esta relación presenta siempre desafíos: “Un primer objetivo que Argentina debería trazar para esta etapa que se abrirá con la asunción de Lula, y en consonancia con los lineamientos de reducción del déficit comercial planteados una década atrás por Cristina Fernández de Kirchner y Dilma Rousseff es mejorar el saldo del intercambio comercial, que al mes de septiembre arroja un déficit de 3.134 millones de dólares. Es de esperar que parte de ese rebalanceo pueda venir de la mano de Vaca Muerta, tanto por el potencial exportador de nuestro país como por un posible incremento de la demanda energética de Brasil en los próximos años”, asegura Epstein.

    Mariano Treacy, investigador de la Universidad de General Sarmiento especializado en líneas de investigación vinculadas a los procesos de integración regional  y el pensamiento económico y social latinoamericano complementa: “Brasil se especializó en los segmentos que más agregan valor en la cadena de automotriz, y eso hace que tengamos una relación comercial deficitaria. Para adelante, hay que prestarle especial atención al litio como un insumo clave dada la matriz industrial existente, y posicionar al país más avanzado en la cadena”.

    Rodrigo Erco, economista de la Universidad de Avellaneda, pone en duda ese optimismo: “Las anteriores gestiones de Lula significaron una apuesta a la economía real y a políticas redistributivas, e impactaron positivamente en el crecimiento económico de Brasil y, por lo tanto, de la Argentina. Sin embargo, en esta ocasión asume en un gobierno de coalición muy amplio, donde deberá hacer equilibrio para contener a todos los sectores. Sumado a eso, comenzará su gestión con un poder legislativo de mayoría conservadora. Por lo tanto, no está claro cuál será el rumbo de la política económica en esta nueva etapa. Más allá de eso, Brasil ha sido un país sin vuelcos importantes en su política exterior en el plano económico, a pesar de los cambios de signo político”.

    Larga vida al Mercosur

    A mediano plazo, la gama de impactos se amplía. “La victoria de Lula pone de vuelta a Brasil en el mapa, volvemos a ser relevantes como región y eso a Argentina la beneficia”, asegura en diálogo con PáginaI12 la cientista política miembro del Observatorio de Política y Economía Brasil-Argentina (OBRA) Ximena Simpson, y da un ejemplo: “El ministro de Clima y Medio Ambiente noruego, Espen Barth Eide, mostró hoy la voluntad de Oslo de reanudar sus aportaciones al Fondo de la Amazonía que había cortado por la política medioambiental de Bolsonaro”. “En la medida que Brasil retoma su agenda internacional, es posible que aumenten las inversiones a nivel regional y Argentina es uno de los destinos”, especula Paez.

    Uno de los puntos centrales que tiene la cara de Lula al mando del país más importante de la región es la reivindicación del Mercosur como bloque regional, y particularmente el acuerdo con la Unión Europea que aún no está ratificado. El acuerdo se aprobó en 2019 en un momento en que el mapa político del Mercosur se volcó hacia la derecha neoliberal muy pro liberalización del comercio con cierta alineación de intereses brasileños, argentinos, uruguayos y paraguayos dentro del bloque. Sin embargo, por conflictos internos de la Union Europea (sobre todo en Francia, productor agrícola que se vio amenazado por la entrada de productos primarios con menor arancel), no se ratificó. En aquel momento los países de la Unión Europea utilizaron la política ambiental del Bolsonaro como un elemento que trababa el avance.

    “El acuerdo implica un impacto socio ambiental regresivo y cristaliza la estructura productiva primaria agroexportadora. Es un acuerdo que repite lógicas muy centro-periferia, ya que tiende a bajar los aranceles para productos industriales y pone en riesgo la producción y el empleo industrial en el Mercosur a la vez que crea mas presión en el medio ambiente”, asegura Treacy y continúa: “La clave es que si ganaba Bolsonaro y acá cambia la administración el año que viene, acompañados del Uruguay de Lacalle Pou, estaba todo dado para que el Mercosur insistiera con este esquema aunque pueda no llegar a ocurrir por un tema interno de la Union Europea”, y continúa: “Lula tiene una extracción industrial, difícil que quiera romper con el tejido industrial fuerte de Brasil. Hay mas posibilidades de rearticular un Mercosur mas productivo en un contexto internacional difícil”.

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