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viernes, 14 junio, 2024
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    Entre los planes sociales y la dignidad del trabajo

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    Desde el punto de vista de los sectores populares, no debe haber un indicador más relevante de las carencias económicas, después de casi cuatro años de finalizado el macrismo, que el nivel de pobreza alcanzado y con crecimiento persistente. Y no se trata del dato estadístico: si es del 36 ó el 38 por ciento, o si es más válida la comparación “con el trimestre inmediato anterior, o con el mismo trimestre del año pasado”. No: lo relevante es que los ingresos del grupo familiar no alcanzan para cubrir un presupuesto de gastos esenciales, y que cada vez hay que hacer un nuevo “recorte” de gastos o sumar alguna “changa” para llegar a fin de mes.

    Estadísticamente, se dice que los ingresos “están por debajo de la línea de pobreza”. Aun con empleo, son pobres. Puede ser que el fenómeno más significativo no resuelto sea la inflación, que deteriora el poder adquisitivo mes a mes, apenas con alguna excepción. Pero también aparece en el microscopio la ausencia de una política de ingresos que dé respuesta. Lo concluyente es que el gobierno de Alberto Fernández no logró compatibilizar esas dos variables, precios e ingresos, para lograr una distribución más equitativa o, al menos, no tan desigual.

    “Si la pobreza es tan persistente a través de diferentes gobiernos es porque a unos, a “ellos”, no les importa y otros, “los nuestros”, no saben cómo resolverlo”, me decía no hace tanto tiempo (falleció a causa del Covid) Rafael “Tuta” Kohanoff, un “sabio” que a los 94 años no sólo demostraba cuánto había aprendido en su trayectoria de dirigente industrial, sino que además cada día lo expresaba mejor.

    El “Tuta” solía decir que la asistencia con recursos de parte del Estado (los “planes”) pueden ser una respuesta para la emergencia pero no “la política”. “Con esas transferencias a los pobres, lo que vas a lograr es que el pobre siga siendo pobre pero asistido”, decía. Y reclamaba, en cambio, políticas de capacitación, a cada uno según sus posibilidades de aprendizaje, para que esa persona en pocas semanas deje de ser un marginado y pase a ser un trabajador con algún oficio o aprendiz de uno.

    “Subsidiale el empleo al empresario que lo va a contratar, o el microemprendimiento del que va a ser parte esa persona que querés sacar de la pobreza, pero a cambio de su trabajo. Yo le digo a algunos intendentes: vos traeme 30 ó 40 personas pobres y en tres meses yo te los devuelvo en condiciones de trabajar en el empleo que hayamos definido de antemano”, decía el “Tuta” con una sonrisa ganadora.

    Tuvo tres o cuatro experiencias en “municipios compañeros”, como él decía, y a los tres o cuatro meses devolvía, con la misma sonrisa canchera y ganadora, al grupo de ex marginados en condiciones de pasar a ser trabajadores reinsertados, incluídos. En las semanas previas a su muerte, había recibido una pila de llamados de otros intendentes pidiéndole que reiterara esa experiencia en sus respectivos distritos.

    Alberto Gandulfo, hoy secretario de Economía Social y Solidaria de la municipalidad de La Matanza, es heredero de esa concepción. Se enoja cuando le preguntan por qué hay tanta pobreza en el país. “¡Es que no hay políticas para erradicar la pobreza! La depreciación salarial, trabajadores con empleo pero con ingresos por debajo de la pobreza, el endeudamiento de las familias hasta para comer y a tasas usurarias, toda esa fragmentación social es el mejor indicador de dónde estamos parados”, afirmó en una entrevista de estos días para una radio comunitaria.

    Y se enoja más cuando recuerda que “las políticas activas ganadas con el kirchnerismo se perdieron”. Gandulfo fue uno de pilares de la política de Alicia Kirchner cuando fuera ministra de Desarrollo Social. “Se multiplicaron los planes, pero no hay gente en el territorio para organizar a los receptores de los planes. Tenés muy pocos emprendimientos que puedan mostrar una producción real. Hoy la política de los planes es un programa compensatorio, no transforma la realidad de los que lo reciben ni genera riqueza. Organiza a los pobres, pero para recibir los planes, no para dejar de ser pobres. No los organiza desde una política de fortalecimiento de la economía social para disputar la renta, para discutir la riqueza”, critica y reclama.

    Alguien recuerda un proverbio que habla de “enseñar a pescar en vez de regalar el pescado”. Pero la imagen que devuelve el presente es la de un mar que crece, con cada vez más sumergidos, y entre la cabecitas que se ve flotando navegan enormes buques pesqueros que no van regalando pescado sino arrasando con la riqueza ictícola.

    Desigualdad y pobreza es para muchos, y con razón, la deuda más dolorosa que tiene la democracia, sobre todo en un país al que no le faltan recursos. Y tampoco le falta una expresión nacional y popular que, por historia, está comprometida con el asunto. Será el gran desafío de la nueva etapa, ya sea que les toque a aquéllos a los que no les importe, pero más aun si es para quienes sí les importa, que esta vez deberán demostrar que saben cómo resolverlo.

    Fuente: Pagina 12

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