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miércoles, 22 mayo, 2024
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    La comunidad Mbya Guaraní busca su soberanía audiovisual

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    a relación entre el mundo audiovisual y las comunidades indígenas suele ser bastante asimétrica: por lo general, realizadores blancos llegan al territorio con ojos curiosos y cámaras, producen imágenes conforme a sus propios objetivos y luego desaparecen sin compartir el trabajo final con las comunidades. Muchas de esas producciones tienden a construir relatos romantizados que se alejan de una mirada realista sobre la vida cotidiana de los habitantes. Desde 2017, el Colectivo de Cine Mbya Guaraní Ara Pyau (Misiones) se planteó el objetivo de la soberanía audiovisual para transformarse en sujetos creadores de esas imágenes.

    El cineasta Ernesto de Carvalho cuenta que el movimiento de cine indígena está mucho más desarrollado en Brasil con colectivos como Vídeo nas Aldeias, productora y escuela audiovisual para realizadores de comunidades indígenas. Durante 15 años estuvo haciendo películas (junto a Vincent Carelli y Tatiana Almeida dirigió Martírio, documental ganador como Mejor Largometraje en la Competencia Latinoamericana del Festival Internacional de Mar del Plata) y dando talleres en las comunidades Mbya Guaraní de Río Grande do Sul, hasta que empezó a cruzar a la Argentina con algunos colegas para replicar ese trabajo. Actualmente dirige junto a Ariel Ortega La transformación de Canuto, en fase final de edición

    A partir de esos intercambios surgió este colectivo integrado por 24 jóvenes de comunidades Mbya Guaraní de ambos países. Cuando se le pregunta a Ernesto cómo es vivir en la frontera, cuenta: “Para los pueblos guaraníes la frontera es una ficción, tiene un carácter muy artificial. El hecho de que el límite cruce justo ahí es un accidente de la colonización. En ese sentido, el cine indígena tiene una cualidad profundamente decolonial y cuestiona fuertemente las ideas de nacionalidad o pertenencia. Mi mamá es la antropóloga Rita Segato, una de las impulsoras de este debate en Argentina. Aquí la gente no es argentina o brasileña sino, principalmente, Mbya Guaraní”.

    El director explica que durante el gobierno del PT (Partido de los Trabajadores) tuvieron en Brasil cierta facilidad para conseguir recursos y planificar actividades de formación. “Desde el Ministerio de Cultura hubo una mirada muy favorable a estos procesos de democratización y acceso a los medios; por eso allá la figura del cineasta indígena se convirtió en un sujeto cultural reconocido. Fue un momento progresista que en 2016 se quebró con el golpe”. Aunque existen algunos proyectos aislados, en Argentina aún no se ha consolidado un movimiento similar al de Brasil. El dato resulta curioso considerando que (según el censo de 2010) en Argentina el 2,38% de la población se reconoce indígena, y en Brasil alrededor del 0,4%.

    De la mano de Vídeo nas Aldeias y el Instituto de Artes Audiovisuales de Misiones, el colectivo logró el apoyo necesario para realizar algunos encuentros y filmar un cortometraje que está disponible en la plataforma Idea.Me. “Ese material circuló bastante como primera afirmación del deseo de hacer un cine comunitario, pero siempre son apoyos puntuales para pequeños encuentros. Lo que nos propusimos ahora es conseguir equipos a través de esta campaña y apoyo institucional para realizar talleres más extensos. Hoy se está recurriendo al financiamiento colectivo como estrategia para hacer cosas allí donde las políticas públicas no llegan”, explica el director.

    Luz Duarte, fotógrafa, realizadora y estudiante de Medios Audiovisuales, es parte del colectivo y cuenta que siempre le gustó sacar fotos y filmar: “Cuando surgió el primer taller audiovisual acá en Tamanduá me alegré mucho e inmediatamente quise participar. Lo interesante es que podemos contar historias, debatir qué mostrar y cómo, conocer personas de otras comunidades y compartir realidades que son distintas a la nuestra aunque obviamente estamos en el mismo lugar como pueblos originarios. Para formarse como cineasta uno tiene que salir, cambiar las rutinas y adaptarse a la ciudad, donde los tiempos son muy diferentes y se hace difícil permanecer. Por eso es importante tener talleres dentro de la comunidad”.

    El cine es una herramienta clave a la hora de mostrar una realidad diversa y abordar (e incluso cuestionar) la categoría de identidad: no hay una única forma de ser originario. “Muchas veces las comunidades pierden sus tradiciones porque la globalización nos atropella en nuestro día a día; no podemos escondernos de eso porque ya no nos queda monte. Los territorios están cada vez más avasallados y casi no hay tierras reconocidas como territorio indígena. Esa es una de las grandes problemáticas y por eso consideramos el audiovisual como parte de la lucha”.

    Hoy Luz tiene 20 años; cuando empezó con los talleres tenía apenas 18. En Una semilla de Ara Pyau, la familiaridad de los más chicos con las cámaras resulta evidente y ella asegura: “Está bueno que sea algo más natural y que no sólo vengan a registrarnos los de afuera. Muchas veces en las comunidades normalizamos la mirada externa: toman fotos o filman sin mucho permiso y nunca más vemos lo que hacen con eso; realizan documentales pero sin participación de la comunidad; ellos editan y eligen lo que van a poner. Tener autodeterminación y apropiarnos de las herramientas es importante para poder elegir qué queremos mostrar. Por eso nuestra idea es que las comunidades puedan ver el proceso de realización y debatir”.

    Cuando se le consulta por el rol que más le interesa, responde que dirección de fotografía. A las trabajadoras de la industria cinematográfica –provengan de comunidades originarias o no– les resulta difícil destacarse a causa del fenómeno conocido como “techo de cristal”. Recién en 2018, Rachel Morrison (con 39 años) fue la primera directora de fotografía nominada en la historia de los Oscar por la película Mudbound, dirigida por otra mujer (Dee Rees). “Las mujeres del colectivo tenemos muchas ideas; a veces pensamos que no son buenas, pero en realidad sí. Nos gusta participar en la edición y opinar sobre cómo queremos que se vea el trabajo final”, destaca Luz.

    El movimiento de cine indígena en Latinoamérica no es un fenómeno reciente. Carvalho enumera algunos hitos: “Video nas Aldeias de Brasil es un gigante a nivel internacional; en Bolivia hay grandes centros y cada dos años se hace un Festival de Cine Indígena muy importante; en Chile está el cine mapuche y en México el Chiapas Media Project. En Argentina estamos nosotros, hay una asociación de productoras indígenas en Mendoza que está haciendo un trabajo muy fuerte, y los Achuar en el Chaco. El cine indígena latinoamericano es una realidad hace décadas; es muy fuerte pero también muy invisible. A veces la gente ni se entera de estas cosas, pero las producciones están ahí”.

    Redes: @colectivoarapyau

    Link a la campaña: https://www.idea.me/proyectos/72545/apoye-al-cine-mbya-guarani

    Fuente: Pagina 12

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