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viernes, 9 diciembre, 2022
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    La herramienta creada por Abuelas de Plaza de Mayo amplía sus fronteras a todos los que buscan su identidad

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    La identidad de origen como un derecho de niñas y niños, esa bandera de Abuelas de Plaza de Mayo convertida en símbolo del derecho internacional, se extenderá a las búsquedas del origen biológico más allá del límite de los delitos de lesa humanidad.

    La Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (CoNaDI) creada hace treinta años para acompañar la lucha cívica de Abuelas, fue legitimada socialmente como una herramienta válida, por quienes buscan conocer su origen biológico, aún cuando sus fechas de nacimiento no coinciden con el período dictatorial. Así surge el Programa Nacional de Identidad Biológica que el próximo 3 de octubre, la CoNaDi presentará en sociedad.

    La historia de la CoNaDI, creada en 1992, hizo evidente la necesidad de ampliar el rango temporal de las búsquedas. Y esa experiencia le permite hoy “asumir nuevos desafíos, ampliando el alcance a la búsqueda de identidad de origen” ligada a la “apropiación de menores, no vinculada a delitos de lesa humanidad”, detalla Claudia Carlotto, Directora ejecutiva de la Unidad Especial de Investigación, de la CoNaDI. La psicóloga María Gracia Iglesias, coordinadora del nuevo programa que funciona desde 2020, explica que “muchas personas se acercaban para conocer su identidad, pero no eran compatibles” con los registros que guarda el Banco Nacional de Datos Genéticos (BNDG).

    “Abuelas convocó a personas nacidas entre 1974 y 1983, pero de ese período hay más de 14.000 personas que buscan su origen y no son hijas o hijos de desaparecidos sino, en su mayoría, víctimas de tráfico de bebés. Los milicos toman el método porque el trafico evita lo legal. Pero no son adopciones legales, son apropiación”, puntualiza Iglesias. No habla solo de bebés robados, también de quienes fueron entregados por madres jóvenes obligadas a desprenderse de sus hijos. De ahí que el programa se extienda a “reparar, a través de la búsqueda de la verdad, crímenes del pasado reciente garantizando y ampliando derechos para todas las personas con dudas sobre su identidad o víctimas de la vulneración de este derecho”, señala el documento que fundamenta la ampliación del trabajo de esta Comisión.

    El nuevo programa recepciona a las personas que buscan su origen biológico y a las madres que fueron separadas de sus hijos al nacer. “Madres y familiares biológicos”, puntualiza la psicóloga que lo coordina. El caso de las dos hermanas —Carina Rosavik nacida en 1976, y Carolina Sangiorgi nacida en 1978— quienes se encontraron hace menos de un mes, y que hasta entonces no conocían la hermandad biológica, ejemplifica la necesidad de ampliar el trabajo de la CoNaDI. Este caso podría ser encuadrado como hijas de desaparecidos, “es una hipótesis”, señala Manuel Gonçalves Granada, coordinador de CoNaDI y nieto recuperado.

    “La sangre habla”
    Desde que fue creado en 1987 hasta hoy, se realizaron en el BNDG, 9.985 análisis genéticos de histocompatibilidad, que restituyeron la identidad a 130 personas apropiadas ilegalmente durante la última dictadura. “Pero muchas familias no están registradas en el Banco –describe Manuel– porque desconocen que sus familiares desaparecidos podían tener hijos”. También puede ocurrir que a partir de un “caso novedoso”, que no estaba en el BNDG, se arme una búsqueda.

    La identidad de Guillermo Amarilla Molfino se recuperó de esta manera. Dio negativo inicialmente, pero sus datos se mantuvieron en el BNDG hasta que en un juicio de lesa humanidad surgieron pruebas sobre quienes podían ser sus padres y se comprobó la filiación. “Primero dio negativo, pero luego fue positivo con su grupo familiar”, fundamenta Manuel.

    “Amarilla fue un caso muy importante porque no estaba la denuncia, la familia no sabía que había nacido”, afirma Carlotto. “Nosotros encontramos a la familia”, explica. “Los casos donde no surge filiación inicial, quedan en resguardo para comparar con otros grupos familiares que puedan presentarse”, confirma Manuel. Y se explaya: “Hoy, los casos que surgen por fuera del período de la dictadura, se analizan en un área especialmente creada para estas situaciones y se avanza en la distintas hipótesis de búsqueda de la verdad”.

    El cuidado en la transmisión de la información sobre las tareas de estos organismos, es esencial para Carlotto. El BNDG “hace el estudio genético”. Lo demás se hace por fuera: la recepción de quienes dudan, la investigación, las denuncias, lo previo a determinar si avanzar en un estudio, no lo hace el BNDG, el estudio sí. Tanto los casos de apropiación en dictadura como los que enmarca el nuevo programa “forman parte de un mismo Banco —aporta Iglesias—, y mientras se avanza en la investigación, casi a ciegas, sin datos, la sangre habla”.

    Actualmente el BNDG guarda cerca de 14.000 muestras de personas que se acercaron con dudas sobre su identidad, y no coinciden con las muestras de familias de desaparecidos en dictadura que almacena el BNDG. Eso motivó el nuevo programa de CoNaDI, que depende de la Secretaría de Derechos Humanos de Nación, en la órbita del Ministerio de Justicia y Seguridad.

    La persistente búsqueda de Abuelas
    El derecho a la identidad fue reconocido en los tratados internacionales de Derechos Humanos e incluido en la Convención sobre Derechos del Niño, gracias a Abuelas. Sus artículos 7, 8 y 11, conocidos como “los artículos argentinos”, garantizan ese derecho, y establecen mecanismos para que los Estados que lo asumen, puedan protegerlo. “En nuestro país desde 1994 adquiere jerarquía constitucional”, señala Carlotto. Y se fortalece cuando se sanciona la Ley 25.457 que le otorga “más estabilidad y amparo a la búsqueda de nietas y nietos; como política de Estado”, subraya la directora de CoNaDI.

    En los inicios, esta Comisión “era yo con un cuaderno, en un escritorio prestado”, recuerda Carlotto, hija de Estela y madre de seis hijos. “Fue creciendo, ahora somos un montón y tenemos nueve de áreas de trabajo. La que vamos a presentar públicamente el 3 de octubre, es el programa de acceso a la Identidad Biológica”, anticipa a Página/12.

    Este programa cruza datos: “Si tenemos una mujer que le robaron un bebé en el ‘88 y hay una persona nacida en ese lugar y en esa fecha aproximada, y algún otro punto de coincidencia, solicitamos al Banco el cotejo de esa persona con esa madre”, detalla Carlotto. “Hay que diseñar la forma de ir llegando, haciendo un cedazo para encontrar coincidencias y hacer entrecruzamientos, hay madres que han encontrado a sus hijos sin que hayan sido sustraídos por la dictadura”, explica.

    En el caso de las hermanas “había un indicio, una sospecha razonable de que dos personas que se habían presentado al Banco pudieran ser hermanas”, repasa Carlotto. Se hizo el cruce y se obtuvo la filiación. No es el único caso de hermanos encontrados. “Todas las herramientas de CoNaDi están a disposición para aportar a la búsqueda del origen biológico, a la verdad de quién es esa persona”, suma Iglesias. La mayoría de los casos no cuentan con información escrita. “Cuando no hay datos es difícil investigar. Pero cuando surge un dato, se investiga, acompañamos y revinculamos”, agrega.

    Por el acceso a la identidad biológica
    Para avanzar en el Programa Nacional de Identidad Biológica “vamos a convocar a toda mujer o varón, madre o padre, a los que se les haya sustraído su hijo —comparte Carlotto—. Y no sólo que se los hayan robado, puede ser que los hayan entregado bajo presión, porque eran menores de edad y fueron sus padres o madres quienes los han entregado”. Hay más de 3.000 personas buscando su identidad biológica y solo 300 madres que buscan a sus hijos. “Convocamos a toda mujer que le hayan dicho que su hijo murió y no le hayan mostrado el cuerpo, a que se acerquen a CoNaDI para que se pueda hacer el entrecruzamiento de datos”.

    Para Iglesias, hay dos problemas a sortear: uno es la falta de información “por eso hay que tratar de que las madres los encuentren y las convocamos”. Otro es que les han dicho a éstas madres, que no los busquen, que esos hijos “están felices, están mejor sin ellas, que los dejen en paz”. Pero esa madre “no lo abandonó, se lo robaron, la obligaron a entregarlo, o lo dejó en una institución muchas veces por cuestiones económicas”.

    La apropiación en si misma —anotarlo como propio— era común en el siglo pasado, y se hacía “desde la caridad”. Con la excusa de que era engorroso el sistema de adopción, razona Iglesias. El tráfico de bebés, en tanto, incluye dinero. “Hay médicos y profesionales que se enriquecieron vendiendo personas, algunas parteras vendían el bebé, y el certificado, falso. Mientras más tráfico, menos dato”, fundamenta. “Cuando esto sucedía no existía el ADN, ni el derecho a la identidad, los niños eran vistos como objeto, no como sujetos, y la mentalidad de las personas estaba adaptada a eso”, argumenta.

    La lucha de Abuelas incorpora el derecho a la identidad en la sociedad “pero antes no se tenían en mente la posibilidad del dato genético”, completa la psicóloga. “Y los que dicen que mejor no saber porque es feo enterarse que la madre lo vendió, no comprenden que la verdad, aunque no sea buena, te saca de la necesidad de buscar –afirma Iglesias–, lo malo se asimila y se sigue viviendo. La búsqueda es un permanente sufrir, las personas no concluyen los estudios, las mujeres no pueden quedar embarazadas, siempre quedan estancados en algún lugar”.

    Otra razón para activar las búsquedas desde CoNaDI, es que “no se puede buscar solo, hay que estar agrupado porque se te moviliza todo, vas hablar con la tía Pepa o el primo Juan y nadie dice nada, estando en grupos eso se sobrelleva –explica Iglesias–. Y cuando una persona está con otras y su historia individual sale a luz, se hace más fácil afrontarla. La verdad repara. La búsqueda enferma. Dejemos de pensar que la verdad hace mal”. La presencia del Estado es fundamental en las búsquedas. Y que se haya formado un equipo profesional para trabajar esta problemática tan abandonada durante años, es un gran avance como sociedad, sostiene.

    Un invento argentino, para exportar
    “Ahora necesitamos que las mamás, a quienes les sacaron sus hijos, se presenten. Todo es confidencial y se trata de forma reservada, porque son cuestiones privadísimas, pero necesitamos que la gente se acerque”, solicita Carlotto. Para esto, la directora de CoNaDI hará una gira por todo el país “como hicimos en 2003 y 2004 para juntarnos con redes y consejos de derechos humanos, para que nos ayuden con la tarea”, anticipa. Y tal como se articuló con Cancillería para las búsquedas internacionales.

    Pero el trabajo de CoNaDI solo funciona para casos de Argentina. “Por eso queremos transmitirlo a otros países, porque no existe en otro lugar del mundo, una política como éste. Pero sí existen en muchos países problemas de identidad por migraciones o razones políticas”, señala Carlotto. De ahí que se planifica, con organismos internacionales, poder compartirlo. “Se necesita una política de Estado como ésta en El Salvador, Honduras, Guatemala, también en España por los crímenes del franquismo. Esto es un invento argentino y es muy útil”, describe Carlotto.

    Difundirlo a otras sociedades que lo necesiten “y aportarles nuestra experiencia es el sueño que tengo, ya estoy por jubilarme, pero tengo ese sueño, siempre tengo un sueño”, comparte. “Este programa fue mi desvelo muchos años –concluye–, ahora que se cumplió, el sueño es exportar esto a quien lo necesite fuera de Argentina”.

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