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lunes, 2 agosto, 2021
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    Marine Le Pen fue reelecta líder del ultraderechista Reagrupamiento Nacional

    El congreso del partido que se celebró en la localidad de Perpiñán fue una rampa de lanzamiento con vista a las elecciones presidenciales de 2022.

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    Desde París

    Los golpes de la vida y los traspiés políticos no hacen tambalear su poder, ni su influencia, ni menos aún el rumbo político que la líder de la extrema derecha francesa, Marine Le Pen, fijó para su partido hace una década: hacer del entonces movimiento Frente Nacional fundado por su padre, Jean-Marie Le Pen, un partido “normalizado”, con otro nombre, Reagrupamiento Nacional (RN), y depurado de toda la retórica tóxica que había hecho famoso a su padre. Derrotada en las elecciones presidenciales de 2017 por Emmanuel Macron, debilitada al cabo de las elecciones regionales y departamentales de junio de 2021, donde el RN obtuvo pésimos resultados, Marine Le Pen fue relecta este domingo con 98% de los votos al frente del Reagrupamiento Nacional por un período de cuatro años más.

    “No volveremos al Frente Nacional”

    El congreso del RN que se celebró este fin de semana en la localidad de Perpiñán fue una rampa de lanzamiento con vista a las elecciones presidenciales de 2022, donde, al menos hasta hace un par de semanas, todos los sondeos predecían una repetición del duelo de 2017 entre la política francesa y el actual presidente, Emmanuel Macron. Mirando hacia ese futuro Marine Le Pen trazó una frontera con el pasado: ante los militantes que gritaban Marine Presidenta, dijo “no volveremos hacia atrás. Con todo el respeto que tenemos por nuestra propia historia, no volveremos al Frente Nacional”. La advertencia estaba dirigida a los sectores más duros de la ultraderecha que le reprochan a Marine Le Pen haber conducido al antiguo Frente Nacional a tornarse un partido blando, normalizado, que se diluye entre las demás ofertas políticas sin distinguirse como una propuesta radical.

    Marine Le Pen recalcó una y otra vez que el pasado no era una opción política sino un freno para el gran proyecto de “abrirse a todas las fuerzas políticas, asociativas o de la sociedad civil y, mas ampliamente, a todos los franceses que desean no permanecer como espectadores”. La responsable política francesa incluso elogió que se hayan superado los años durante los cuales la extrema derecha no estaba en condiciones de gobernar. Le Pen dijo: “hemos sabido liberarnos de una inmadurez política incompatible con las ambiciones nacionales y darle a nuestro movimiento las cualidades necesarias a un partido de gobierno”. Si la retórica estuvo matizada, en cambio la línea política se quedó con la flecha apuntando al mismo blanco: la inmigración, la idea según la cual Francia corre el riesgo de “desvanecerse”, de “diluirse”, y también su cruzada contra la globalización. 

    Aliados: Orbán, Kaczunsky, Vox

    Marine Le Pen dijo “jamás nos pondremos de rodillas” en una referencia clara a ese símbolo de protesta contra la discriminación racial. Una vez desaparecido el expresidente norteamericano Donald Trump del mapa de referencias exitosas, Marine Le Pen volvió a reivindicar las alianzas con otros dirigentes nacionalistas de Europa como Viktor Orbán (Hungría), Jaroslaw Kaczynsky (Polonia) y movimientos similares como Vox en España.

    La dirigente francesa no hizo ninguna mención a la derrota con la que el RN chocó al cabo de las elecciones regionales y departamentales. Ese “cero de victorias” en las regiones encendió de nuevo los ánimos de sus críticos. Los sectores más rígidos de la extrema derecha impugnan su línea normalizadora, también llamada “desdiabolización”, así como el escaso arraigo regional del partido. Sin embargo, Le Pen acentuó aún más el carácter “normalizado” del RN con el objetivo de las presidenciales. La extrema derecha francesa ha colonizado toda la sociedad con sus ideas, pero esa colonización no se traduce en una mayoría política como para conquistar la presidencia. Consciente de que existe una asimetría entre la propagación masiva de sus ideas y el voto, Marine Le Pen propuso ante sus militantes “transformar esa victoria ideológica en victoria electoral”.

    Candidata prácticamente proclamada a la elección presidencial del año que viene, 2022 será su tercer intento por llegar al sillón supremo del Palacio Presidencial del Elíseo. Puede que sea también el último. Luego de los resultados sombríos de las elecciones de junio de 2021 y pese a su masiva reelección a la cabeza del RN, los militantes de este partido muestran hoy cierta decepción, cierto cansancio porque, una década después, la extrema derecha no se ha afirmado en la cima del gran poder. Su padre es precisamente uno de los críticos más contundentes del programa de su hija. Para Jean-Marie Le Pen, el camino blando no conduce a nada y es necesario un “retorno a la virilidad”.

    En 2012 Marine Le Pen no pasó a la segunda vuelta, en 2017 repitió la hazaña de su padre, Jean-Marie Le Pen, quien en 2002 disputó la segunda vuelta con el difunto presidente Jacques Chirac. Hace casi cinco años Marine Le Pen sacó 34% de los votos contra 66% para Emmanuel Macron. Es improbable vaticinar la desaparición del partido lepenista. Desde su irrupción en los años 80 la ultraderecha conoció derrotas severas, diez veces se anunció su muerte y diez veces resucitó. Quienes, a la derecha, le copiaron el guion y los argumentos no consiguieron desplazar a un movimiento muy expandido en ciertas regiones y los barrios populares y cuyas ideas fluyen diariamente en todos los medios de comunicación.

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