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jueves, 11 agosto, 2022
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    Sin plata y con nuevos consensos

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    Más allá de que la frágil estabilidad política del Frente de Todos se forjó a modo de acuerdo sobre las cenizas de la salida de Martín Guzmán de su cargo y con críticas casi sincronizadas, en el ejercicio del poder el ex ministro de Economía tenía excentricidades y algunos “secretos” que complicaron la gestión diaria y dejaron una herencia compleja desde lo numérico y lo político. “¿Vos sabes qué está haciendo Martín?”, era la pregunta rectora en las últimas semanas del ex funcionario entre algunos de sus pares, que hasta sondeaban a dueños de empresas que lo frecuentaban para seguir la pista de sus movimientos y no quedar pedaleando en el aire. En el final, Guzmán comunicaba poco, incluso hacia adentro.

    Ese monopolio de Economía sobre casi todas las variables funcionó, primero, porque lo habilitó el Presidente Alberto Fernández hasta que empezó a medir a su protegido, hace unos pocos meses, por resultados. Y segundo, porque desde que llegó a la función, el carácter de Guzmán lo hizo ascender ante los dubitativos, casi sin mirar a los que no lo querían o le apuntaban cosas. Tanto que terminó colisionando con los jefes políticos del frente de Gobierno y forzando una salida que aún hace temblar el escenario de mercados internos.

    Días antes de irse, ya sus colegas argumentaban, en silencio, que “Martín se mueve como un primer ministro”. Sin ir más lejos, tal como adelantó  el mismo sábado de la dimisión, en la reunión del jueves previo con el Presidente, Guzmán le pidió la suma del poder y correr a funcionarios del kirchnerismo, casi confirmando la descripción de algunos de sus compañeros del gabinete, que hoy se sienten más sueltos para hablar de esos temas.

    Esta dinámica caótica se consumió tres cuartos del tiempo de Gobierno de Fernández y, con pocos resultados, terminó debilitando la estabilidad política de un frente que ya tenía en el boletín de calificaciones un desaprobado por no haber dirimido en su génesis el rumbo a seguir. Recién en las últimas dos semanas, según confiaron fuentes de todo el Gobierno a este diario, se puso en funciones un esquema de lo más parecido a un Gabinete Económico.

    Admiten que hay articulación de Economía con Producción, AFIP, el Banco Central (BCRA) y Energía, y nadie tiene superpoderes. Pero hay una contra: el tiempo de reacción es corto, se hizo tarde, en un escenario límite y en el momento con menos margen de maniobra desde 2019 a la fecha. O dos, dado que la estabilidad política y el apoyo dependen enteramente, más que de resultados, de objetivos y rumbo compartidos, que aún no aparecen con claridad en el horizonte.

    A todo ese contexto, lo acompañan hechos: contaron a este diario en la Casa Rosada que cuando abrió la puerta de su despacho y conectó los sistemas, la nueva ministra Silvina Batakis se encontró “un ministerio sin plata”. La postal es la siguiente y aún genera un fuerte enojo en el entorno del presidente, que lo bancó al ex ministro como a casi ningún funcionario. Por un lado, había una descoordinación manifiesta con todas las áreas, lo que complicó la ejecución de consensos y fue una bomba de tiempo porque empezó a cerrar un círculo casi exclusivamente manejado por Guzmán.

    Se vio eso en Energía, a cargo de Darío Martínez y donde la vice, Cristina Fernández, tienen a sus cuadros de peso. Es lo que, cuentan, terminó costando dólares en materia de importaciones de energía, justo en el pico del frío y la guerra en Ucrania. Guzmán había intentado intervenir de hecho la secretaría, generando guerras intestinas sin fin.

    Pero el dato más fuerte es que no son pocos los que le dijeron a este diario, y son datos que circulan en despachos de altísimos mandos, que las metas fiscales de Guzmán no se cumplieron. Algunos aseveran que la meta de déficit al 2,5 por ciento fue una ficción dado que el nivel llega, en realidad, al 4,4 por ciento. Es el primer número de un proceso de revisión del  inventario que se hace casi a diario. Y no es menor, porque ese 2,5 fue uno de los compromisos que se rubricaron en el acuerdo con el Fondo Monetario (FMI) y que el propio organismo validó como cumplido.

    Los encuentros puntuales entre el Presidente, CFK y el titular de Diputados, Sergio Massa son bastante más habituales de lo que trasciende. Pero las conversaciones no son todas definitorias en si mismas, sino más bien un camino de estabilización interna que recién arranca y, como tal, es dificil de calificar de manera definitiva. Lo mismo ocurre con las charlas de la vice y Batakis. La idea general del Frente de Todos es facilitar, vía la discusión política interna, un escenario de ordenamiento de las variables que no va a redundar en las definiciones públicas esperadas por la prensa, pero sí está ocurriendo.

    Mientras en la cúpula se define el trazo grueso luego de meses de choques, en las bases cambió la dinámica, y eso también es una señal. Los que caminaban los ministerios describen que la relación de Guzmán con el ex ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, era muy circunstancial y hasta de cuestionamientos cruzados. Y con el jefe del BCRA, Miguel Pesce, directamente nula. Hoy, Daniel Scioli, que ocupa la cartera productiva, interactúa con Batakis, que a la vez habla seguido con Pesce. La foto de la primera conferencia de la ministra, con AFIP, el BCRA y Producción es la dinámica que se verá.

    La novedad son los precios: el escenario inflacionario es tan complejo que el abordaje ahora es integral. A saber: Scioli se metió en un tema que Kulfas esquivó y Batakis muestra cierto diferencial con Guzmán sobre el rol de los formadores. Así se pone en debate que, ante la ausencia de divisas, los empresarios no pueden pedir y no devolver el favor con estabilidad en las góndolas. Ésa es la dinámica de las reuniones que hay y habrá.

    En ese escenario, surgió en las conversaciones de las últimas horas un perfil interesante de un tapado. Todos los que se reunieron con el secretario de Comercio Interior, Martín Pollera, le elogian lo mismo: una conciencia de que está en un área que requiere esfuerzos y resultados urgentes, y que se ubica ideológicamente más cerca de Roberto Feletti que de Guillermo Hang, en la comparación con sus antecesores inmediatos. En pocas palabras, un cuadro que venía de trabajar con Batakis en el ministerio del Interior y que se identifica con un Estado más interventor que a la espera del desarrollo natural de las variables macro. También tiene poco márgen, pero cuentan que no les esquiva a ningún asunto complejo y les ha marcado la cancha, con política y cintura, a algunos ceos.

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