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jueves, 11 agosto, 2022
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    Almuerzo en el comedor de la Rural

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    Durante el almuerzo en el comedor de la Rural (excedido por la cantidad de asistentes), al final de la jornada, un grupo de agropecuarios pasaba lista a los asistentes de las charlas técnicas. La sorprendente peor performance, por lejos, fue para las “divas”, Bullrich y Vidal, que directamente ni pasaron por el salón de conferencias. Terminó la cumbre política y se fueron. Media falta para Morales, Juez y Negri que estuvieron de a ratos, mientras que el único con asistencia completa fue Pichetto, que se quedó hasta el mismísimo final… El malestar de los locales se palpaba. “Evidentemente, sólo nos quieren para los impuestos.

    Ni les interesa enterarse de los cambios tecnológicos brutales que se están dando, ni de la seca que hay”, se quejaba un ruralista histórico de paso por el lugar. Seguramente, algo de todo esto se reflejará también en la reunión de la Mesa de Enlace nacional, el miércoles en Buenos Aires, donde se evaluará la situación del campo (ya con movimientos de protesta en Chaco y Santiago del Estero este fin de semana), y fuerte presión de “las bases” sobre las entidades nacionales, justo a 20 días de que comience la muestra ganadera de Palermo, la más histórica del sector, y que tras dos años sin hacerse (por la pandemia) se descarta que va a movilizar fuertemente, como siempre, a urbanos y rurales.

    Vamos a terminar con un chiste interreligioso: un padre judío enviaba a su hijo al colegio más exclusivo de su comunidad, el Tarbut. Sin embargo, pese al nivel de excelencia, las calificaciones que llegaban mes a mes eran desalentadoras. Matemática: 3, Idioma: 2, Historia: 1. Conducta: 0. Estas espantosas notas se repetían mes a mes, hasta que un día el padre se cansó y le dijo: “Samuel, escuchame bien. Si tus calificaciones continúan un mes más así, te mandaré a una escuela católica”. Como esto volvió a ocurrir, el padre se contactó a través de su rabino con un cura de confianza, y con su asesoramiento envió a Samuel a un colegio franciscano. Al mes siguiente, las calificaciones fueron: Matemática: 9. Idioma: 10. Historia, 9,50. Conducta: 10. El padre, asombrado, le preguntó entonces: “¿Qué significa esto, Samuel? ¿Algún tipo de milagro?”. “No sé, papá”, respondió el pequeño. “Un día me llevaron a una misa, y allí vi la estatua de un hombre crucificado, ensangrentado, con una corona de espinas. Cuando pregunté quién era, me respondieron: ‘Él era judío como tú, Samuel’. Entonces me di cuenta de que ahí había que portarse bien”.

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