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jueves, 6 octubre, 2022
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    Guzmán no tuvo respaldo para avanzar con aumentos y subsidios

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    Era una olla a presión que terminó estallando en las manos del ministro de Economía, Martín Guzmán. La interna con los funcionarios de Cristina Fernández en el área de Energía inclinó la balanza hacia el lado de la vice. Cuando el ministro vio al Presidente el jueves último, le pidió la cabeza de casi todo el área por considerar que “me están jugando en contra” con la implementación del nuevo esquema de tarifas y subsidios a la electridad y el gas. La referencia, puntual y directa, fue para dos personas: el secretario de Energía, Darío Martínez, y el subsecretario de Energía Eléctrica, Federico Basualdo. Dos cuadros que, según Guzmán, estaban atentando de diferentes maneras contra la quita de subsidios y los aumentos, casi el único punto del acuerdo con el Fondo Monetario (FMI) que el ministro le dio por cumplido de antemano a la titular de organismo, Kristalina Georgieva.

    Con el primero, Guzmán se enemistó sin miramientos hace unos días, cuando Martínez emitió una carta sorprendente y de fuerte peso político: cuando se creía que el secretario hacia equilibrio entre el guzmanismo y el cristinismo para quedar bien con ambos, se desentendió de todo lo vinculado a tarifas e hizo cargo del asunto a Santiago López Osornio, secretario de Planeamiento Energético, que está bajo el ala de Energía pero que respondía políticamente a Guzmán y fue el creador de la tan polémica segmentación de subsidios. El ex ministro tomó ese gesto como una afrenta y vio a Martínez jugando con CFK. Fue ésa una señal potente de que le costaría hacer pie en ese sector sin avanzar corriendo a los rebeldes.

    Con Basualdo, en tanto, la disputa es de más larga data. Ya en 2021 el ministro de Economía intentó despedirlo sin éxito. El subsecretario de Energía Eléctrica fue quien, en su momento, sugirió empezar a segmentar la quita de subidios por zonas geográficas más pudientes de Capital y el GBA y luego hacer una sintonía fina corrigiendo errores puntuales. Eso permitiría, a priori, que pagara gente con capacidad real de afrontar tarifas sin resentir sus ingresos.

    Pero Guzmán lo consideró improcedente y se embarcó en un esquema de quita por ingresos que tuvo varios problemas. El primero y más fuerte, político: como López Osornio utilizó bases de datos viejas o desactualizadas, el resultado aplicado a la realidad se veía en las filas del kirchnerismo como una catástrofe de dimensiones. Por un lado, porque el ahorro en dinero sería ínfimo; por otro, porque habría muchos sectores de ingresos medios que serían pasibles de un tarifazo impagable. En la memoria fresca de CFK están los tarifazos de la era Macri, subas de 2000 o 3000 por ciento que dinamitaron las posibilidades electorales de Cambiemos en 2019. Se especulaba que, en este caso, la segmentación por ingresos podría derivar en aumentos de hasta 400 por ciento.

    Lo cierto es que todas estas diferencias terminaron dilatando los tiempos de manera alarmante, poniendo a todo el mundo a dudar ya no de la factibilidad, sino de la existencia del famoso esquema de segmentación de subsidios. Se contó hace unas semanas la novela inédita en la cual el Consejo Federal de Energía convocó a las provincias a escuchar detalles del plan tarifario en una conferencia que, finalmente, se suspendió por parte de Economía sin dar mayores precisiones. No estaban ni el registro ni los detalles.

    En paralelo, ya pasaron quince días desde que se publicó el decreto de la segmentación de subsidios y aumentos de tarifas y el famoso registro para inscribirse y seguir conservando la asistencia brilla por su ausencia. En el entorno de Guzmán lo prometían para este lunes 4 de junio, pero tampoco el Presidente autorizó a subir un registro sin chequear su éxito.

    Cuando Guzmán le pidió al Presidente avanzar en ese área, el mandatario no le dio respuestas ni garantías, aunque ambos protagonistas prefieren guardarse qué se dijeron sobre el tema. Curiosos que saben de la charla dijeron que fue “áspera”, y en la que el ministro no comprendió algo central. Cuando se armó el gabinete económico, CFK le dio aire a Fernández para avanzar en el armado, pero pidió tener preponderancia en el área energética. En síntesis, siempre, ahora y en el 2021, correr de su cargo a Basualdo no era una tarea sencilla porque él y otros cuadros, como los encargados de Cammesa y la ex Enarsa, son en realidad prendas de negociación en el marco de la administración de tensiones del Frente de Todos. Mucho más que simples fusibles.

    De todos modos, hay un dato insoslayable. El cristinismo siempre estuvo convencido de que el aumento de tarifas fue un compromiso de Guzmán con Georgieva que le generaría al Gobierno un golpe mortal en las bases de sustentación política del Frente de Todos. La referencia es para los sectores medios y bajos, que serían golpeados por un esquema mal realizado y difícil de llevar a cabo. Cerca de las vice aseguran que no había apuro por subir las tarifas si no fuese porque el Fondo Monetario quería una especie de prueba de fidelidad por parte del ministro que cerró el acuerdo de deuda.

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