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lunes, 8 agosto, 2022
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    Cristina resucita el vínculo con la “burocracia sindical”

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    La sucesión de contactos de Cristina de Kirchner con referentes de sectores que habitualmente le son refractarios sumó a Héctor Daer, secretario general de la CGT y exponente de los “gordos” de los grandes gremios de servicios. Esa reunión, que se concretó el jueves pasado en el Senado, significó la reanudación de un vínculo que la propia vicepresidenta había interrumpido antes de finalizar su mandato, en 2015, con el sector más tradicional de la central obrera y el más menospreciado por su entorno.

    El encuentro tuvo todos los condimentos de un “road show” preelectoral de la mandataria, ya sea por sí misma o por algún exponente de su cercanía que resuelva candidatear para el año que viene. Es del mismo tenor que los que sostuvo con la jefa del Comando Sur del Ejército de Estados Unidos, Laura Richardson, en abril, y la semana pasada con el economista liberal Carlos Melconian. A pesar del hermetismo mutuo tras la conversación, para el sindicalismo peronista quedó claro que se trató de un sondeo en la búsqueda de acumulación política para 2023.

    Con el sindicalismo peronista en general y con los “gordos” en particular Cristina tuvo una relación pendular. Señalados por sus leales como parte de la más rancia burocracia sindical y fustigados con frecuencia por Máximo Kirchner, la vicepresidenta sin embargo terminó por recostarse sobre ellos para reconfigurar la central obrera en 2012: en esa oportunidad, y luego de la ruptura con Hugo Moyano, la entonces jefa de Estado bendijo una nueva CGT encabezada por el metalúrgico Antonio Caló y con el soporte de los espacios más tradicionales del movimiento obrero.

    Tras la victoria de Cambiemos, Cristina pasó a ignorar a esos dirigentes y con la creación de Unidad Ciudadana para las elecciones legislativas de 2017 eligió candidatos de extracción sindical por completo al margen de la CGT. Recién para la campaña de 2019 promovió una reconciliación con Hugo Moyano que en esa oportunidad no alcanzó a los “gordos”. De hecho para La Cámpora y otros sectores del kirchnerismo ese grupo quedó como respaldo gremial de Alberto Fernández en oposición a los considerados “potables” para la vicepresidenta como Hugo Yasky, de la CTA de los Trabajadores, el bancario Sergio Palazzo y el propio líder camionero.

    La reunión de la semana pasada tiene como trasfondo otros gestos más sutiles: por caso, la cúpula de la CGT dejó de alertar sobre un pretendido avance del kirchnerismo sobre sus obras sociales y redujo la amenaza a una iniciativa del “sanitarismo bonaerense”, es decir del ministro Nicolás Kreplak y el diputado Daniel Gollán. En paralelo el hijo mayor de Cristina cesó sus admonitorias contra Daer, los “gordos” e incluso el ministro de Trabajo, Claudio Moroni, protegido de esos sectores. Un puente lógico entre ambos es Abel Furlán, nuevo secretario general de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM).

    Para los gremialistas es prematuro anticipar un respaldo a Cristina para 2023, sobre todo porque no creen todavía echada la suerte de Alberto Fernández y su plan económico. Y, además, porque cuentan con la experiencia de haber sido hostigados por la dirigente. Cerca de la vicepresidenta, en tanto, reconocen que el encuentro tuvo un carácter preelectoral y buscó reequilibrar el balance entre la CGT y la CTA. Fue, en definitiva, un reconocimiento implícito de la preeminencia que en la Argentina tienen los sindicatos cobijados por el reconocimiento pleno de la personería gremial, la CGT como institución de tercer grado por encima de otras (CTA de los Trabajadores y CTA Autónoma) y la vigencia de los gremialistas más tradicionales, con organizaciones más numerosas en afiliados y obras sociales extendidas en todo el país.

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