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lunes, 26 septiembre, 2022
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    UIA y CGT reaniman acuerdo social para sortear la crisis política del oficialismo

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    La Unión Industrial (UIA) y la CGT aprovecharon la distancia europea para resucitar la perspectiva de un acuerdo social orientado, en la coyuntura, a sortear la crisis política del oficialismo y abordar un plan económico sustentable capaz de poner freno a la inflación. Lo hicieron, con participación estelar del grupo Techint, en la ciudad suiza de Ginebra en el ámbito de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) junto al ministro de Trabajo, Claudio Moroni.

    La mayor cámara fabril de la Argentina y la principal central obrera compartieron esta noche una cena de camaradería organizada por el director general de la OIT, Guy Ryder, como parte de la 110 Conferencia Anual del Trabajo. Asistieron por la UIA su presidente, Daniel Funes de Rioja, y Juan José Etala, asesor legal y amigo personal de Mauricio Macri. Por la CGT estuvieron Héctor Daer, uno de los tres secretarios generales, Gerardo Martínez, jefe del gremio de la construcción (Uocra) y “canciller” de la central, y Andrés Rodríguez (estatales, UPCN), el secretario adjunto.

    Fue un encuentro protocolar pero al mismo tiempo, el primero entre referentes argentinos en la actual conferencia de la OIT y la instancia más destacada de intercambio entre patrones y sindicalistas para dialogar sobre la crisis económica en la Argentina y las consecuencias locales del conflicto bélico entre Rusia y Ucrania. En la cena también estuvo Jorge Hulton (Cámara de la Construcción) y en todas las actividades de la delegación empresaria participó Julio Cordero, gerente de Legales de Techint. Signo de época, toda la representación patronal se integró con abogados.

    Aunque la postulación del diálogo social tripartito es una constante de la CGT y, en particular, de Gerardo Martínez, el marco primermundista del encuentro, el rol convocante de Ryder y la presencia de Moroni en su doble rol de ministro argentino y presidente de la Conferencia de la OIT de este año le dieron a la cena un carácter de mayor trascendencia en la evaluación de los comensales. Todos coincidieron en destacar la importancia de un acuerdo tripartito para brindarle a la política económica elementos de previsibilidad a salvo de la conflictividad interna del oficialismo.

    De continuar el ánimo de concordia de Ginebra ambas centrales retomarán los contactos en Buenos Aires para buscar puntos en común sobre la economía doméstica. Los protagonistas se encargaron de diferenciar esa instancia con la del Consejo Económico y Social, esa entidad brumosa que lidera Gustavo Béliz, secretario de Asuntos Estratégicos, y que fue creada con el alegado propósito de delinear un rumbo de largo plazo para las grandes preocupaciones de los argentinos sin detenerse en la coyuntura.

    El eje para ese eventual diálogo será la problemática inflacionaria. No es azaroso que, junto a la CGT, departiera ayer Funes de Rioja, que además de la UIA encabeza la principal cámara patronal de industrias alimenticias (Copal). Y tampoco que fuera parte de las deliberaciones Julio Cordero, representante de Paolo Rocca en temas laborales del holding Techint, responsable del grueso de la obra necesaria para la construcción del gasoducto Néstor Kirchner.

    La delegación sindical recibió con preocupación y relativa frialdad la crisis política que derivó en la expulsión de Matías Kulfas del Gabinete nacional. Contra todos los pronósticos no hubo voces de alarma por la salida de un ministro de clara alineación con Alberto Fernández y uno de los interlocutores principales del Gobierno con la CGT. Tampoco por el rol en la crisis de Cristina de Kirchner, a quien la central obrera mira siempre con desconfianza. Como respuesta genérica al terremoto político hubo, de parte de los dirigentes, una bienvenida a Daniel Scioli como nuevo ministro de Desarrollo Productivo y no mucho más.

    “Más allá de la situación de coyuntura es necesaria una concertación política que brinde garantías de estabilidad con respuestas a la sociedad frente a la incertidumbre. La política tiene que dar un salto cualitativo, llamar a la oposición y atender el proceso inflacionario. Mientras la política siga pensando en 2023 y no aparezca un plan estratégico no habrá un horizonte de calma y previsibilidad”, le dijo anoche a este diario Gerardo Martínez. El gremialista valoró el reencuentro de Alberto Fernández y Cristina de Kirchner pero recalcó la necesidad de establecer “un plan de

    gestión”.

     

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